“Estaba todo preparado para casarnos el domingo, pero unos días antes comenzó la cuarentena”, recuerda Florencia. “¿Y ahora qué hacemos?” se preguntaron. La respuesta llegó bajo la forma de este nuevo protocolo, que podría graficarse como una carambola a tres bandas: viernes 11:25 am, un funcionario policial lleva el acta a la casa de la novia para que la firmen ella y sus testigos; 11:46 am, el acta llega a la casa del novio y 12:15 pm, el documento arriba a la sede del Ministerio de Finanzas donde se encuentra el oficial público que certifica la legalidad de este innovador mecanismo.
Fueron 50 minutos para declararlos “unidos en matrimonio”, teleconferencia mediante, en el que amigos y familiares pudieron acompañar a los novios, saludarlos y hasta aplaudir y bromear desde sus pantallas.
Fue una boda diferente, pero no en lo sustancial. En un momento que no se parece a ningún otro y lo “diferente” se torna normal, las formas pierden relevancia ante el fondo. Y en el fondo, Florencia y Rodrigo quisieron casarse y pudieron.
Fuente: La Voz de San Justo